Prefacio
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La palabra "héroe" en el siglo XX ha sido sumamente debatida. Esto se debe parcialmente a que muchos de nuestros héroes han sido formados o manipulados para propósitos morales o de propaganda; parcialmente debido a que la guerra en sí ha llegado a ser tan monstruosamente destructiva, tanto en su violencia física como espiritual, que es difícil encontrar algo qué admirar en ella. Sin embargo, toda generación necesita de estos héroes en el más amplio sentido de la palabra: "de aquellos hombres, nobles, valerosos y de mentes elevadas, que mostraron la medida de nuestra grandeza en términos de autosacrificio, misión, lealtad, audacia y tenacidad".- (Mariscal Foch). Resulta irónico que la tragedia de la guerra sea una de las formas principales de iluminar a muchos hombres pero siempre ha sido así. La guerra no forma miras precisas y la sociedad nos concede un extraño perdón general dentro, para gastar todos nuestros recursos e incluso a arriesgar la vida para alcanzarlas. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial fue demasiado vasta, unos sesenta y cinco millones de hombres portaban uníforme en un momento o en otro, en ambos bandos. ¿Quién es capaz de elegir a los verdaderos héroes en esta enorme masa? Especialmente desde el momento en que poblaciones enteras tenían que ser sostenidas en su moral conminándolas a mayores sacrificios de productividad. Lo mejor que se podría hacer en aquel tiempo y desde entonces, era canonizar a los generales. Incluso los hemos encontrado lo bastante fuertes y lo bastante admirábles para convertirlos en nuestros adalides políticos. Sin embargo, este no es un libro acerca de generales, es la verdadera historia de diez hombres modernos ordinarios y de sus inmediatos compañeros de armas, todos los cuales se agigantaron bajo las tremendas presiones de la Segunda Guerra Mundial. Estos hombres arriesgaron sus vidas y muchos de ellos con bastante frecuencia, y todos ellos contra momios verdaderamente increíbles. La mayoría de sus batallas las pelearon tras las líneas enemigas. Si se pudiera restaurar la palabra héroe a su significado prístino y verdadero, estos hombres fueron héroes. A causa de que la guerra es algo mal recordado y a causa de que gran parte de la Segunda Guerra Mundial se libró con masas de ejércitos, estas historias de hombres extraordinarios que pelearon una especie de guerra personal y extraña no fueron fáciles de localizar. La investigación principió en una forma completamente accidental hace casi diez años, cuando unos soldados de la Highland Light Infantry esparcidos en una "benghazi cooker" preparaban té inglés para un grupo estadounidense que filmaba películas para la televisión en el desierto Egipcio, al occidente de Suez. La plática giró sobre la posibilidad de hacer una guerra de guerrillas de pegar y correr con pequeñas bandas, y sobre el hecho de un mayor "ruso" que tenía un ejército particular, polígIota que había recorrido el desierto occidental en jeeps durante la Segunda Guerra Mundial haciendo precisamente eso. Popski ya no vive, pero de regreso a Inglaterra fue posible reunir lentamente su historia con ayuda de su viuda y de los hombres que estuvieron bajo sus órdenes. En los años que transcurrieron desde este primer hallazgo, se descubrieron a otros hombres en otras formas de lucha en conversaciones igualmente casuales o mediante una pequeña referencia en los archivos oficiales de las historias de la guerra. Los discursos en tiempo de guerra, en ocasiones en que los países ocupados representaban a menudo la única pista de los actores principales y en algunos casos, pocos, solamente se dispuso de carta y recuerdos de parientes, de amigos que pelearon a su lado, comandantes, e incluso de los relatos de los enemigos. Individualmente, cada uno de estos diez hombres influyó bastante en el curso de la guerra; que hayan sido efectivos, tanto como audaces, es indudablemente el criterio de un héroe. Los hubo también de muchas naciones: ingleses, noruegos, holandeses, belgas, franceses, americanos, italianos y alemanes. Después de todo, la grandeza de los hombres no está limitada a ningún país en particular. Tampoco está limitada a la juventud. Varios de este grupo eran extremadamente jóvenes, sin embargo, otros ya eran maduros y otros estaban en la mitad de la vida cuando Regó la guerra. Como hecho histórico, nueve de cada diez eran cortos de estatura, lo que bien puede ser accidental o puede ayudar a confirmar en el punto de vista psiquiátrico del complejo napoleónico. El hecho es que cualquiera que fuera su estatura, algo dentro de esos hombres no dejaba que pasaran desapercibidos, ni por calamidades de la naturaleza, ni por la falta de visión de sus superiores, ni por la acción del enemigo. ¿Qué constituía este "algo"? Quizá era el verdadero significado del orgullo; parcialmente era frustración. Pocos de estos hombres apenas si se habían hecho notar antes de la guerra. En cierta forma fue solamente en la guerra cuando todas sus energías y toda su inteligencía pudo canalizarse en una dirección útil intelectual. Esta aseveración puede parecer notable a los supervivientes de nuestras grandes Guerras Mundiales, veteranos cuyos principales recuerdos pueden no ser de pelea, sino de ignorancia, de inutilidad, de espera y de estupidez completa. Sin embargo, parte del genio del heroismo es que busca su propio centro de acción. Estos diez hombres no pelearon en grandes batallas como tropas de línea. Pelearon como comparsas, como incursionistas, como pilotos, como franco-tiradores. Para alguno de ellos fue pura casualidad lo que les proporcionó su primera oportunidad en la guerra; sin embargo, para diez, representó cierta fuerza mística que los impulsaba a seguír adelante y que les hizo aparecer "nobles en valor, y de mentes elevadas". |
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New York, New York |