¡Torpedo
Humano!
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A las nueve cuarenta y cinco de la noche del 19 de diciembre de 1941, seis cabezas brotaron en la tranquila superficie del Mediterráneo, bañada por la luna, precisamente afuera de la bahía de Alejandría, Egipto. Aquellos seis hombres no estaban nadando. Iban jinetes, es decir, a horcajadas sobre tres torpedos de unos seis metros de largo. Eran italianos. Sus intenciones eran penetrar a la bahía sin ser observados y hundir los restos de la mermada flota inglesa del Mediterráneo, específicamente a los barcos de guerra Valiant y Queen Elizabeth. Su historia, desarrollada en el mismo teatro de la guerra que la expedición de Geoffrey Keyes, es al mismo tiempo una historia triunfante y un bello contrapunto en lo que se refiere al valor y osadía de un pequeño grupo, ya que el Eje también tuvo hombres que también se burlaban de los aspectos formales de las guerras modernas. Conducidos por el teniente Luigi Durand de la Penne, los seis italianos usando una nueva clase de equipo ligero submarino, abandonaron su submarino nodriza por una abertura de escape situada debajo de la línea de flotación. En grupos de dos, en realidad "jinetearon" sus torpedos de baja velocidad, especialmente adaptados, a través de los campos de minas, tanto de superficie como submarinas. Cerca del muelle de Alejandría se vieron obligados a sumergirse profundamente, ya que una patrulla británica arrojaba sistemáticamente bombas de profundidad. Cerca de la media noche, fue levantada la red antisubmarinos para dar paso a un escuadrón de destroyers británicos. Desde una profundidad de diez metros, los tres grupos de torpedos humanos, jinetes en sus mortales "caballos" siguieron a las batientes hélices hasta el interior de la misma bahía. En las primeras horas de la madrugada, trabajando furiosamente y casi ahogándose en las negras y lóbregas aguas del anclaje británico, los italianos lograron su propósito, a pesar de la vigilancia de las patrullas que cruzaban la superficie. Poco después de las 6 a. m., el capitán, posteriormente vicealmírante, Charles Morgan, del Valiant fue arrojado sobre cubierta por una violenta explosión. El buque de guerra se hundió bajo sus pies hasta el bajo fondo de la bahía. Unos cuantos minutos más tarde lo siguió el Queen Elizabeth, en tanto que un enorme barco tanque inglés, que estaba anclado cerca, volaba en pedazos e iluminaba la escena con sus despojos en llamas. Rara vez en la guerra moderna el victorioso se encuentra con el vencido cara a cara en el momento de su triunfo; sin embargo, Luigi de la Penne fue hecho prisionero a bordo del Valiant. El capitán Morgan, cuando su barco se hundía, se volvió al italiano y le dijo quedamente: "Se ha anotado una victoria fantástica". * * * Es probable que nunca antes en la historia (parafraseando a Churchill), una armada ha debido tanto a tan pocos, corno en el caso de la armada italiana a su Décima Flotilla Ligera, único y pequeño compacto grupo de entusiastas de los botes a motor y del buceo. La Décima, que nunca llegó a contar más de cien hombres, se anotó la mayor parte de las victorias navales italianas durante la Segunda Guerra Mundial. Fue el triunfo del valor puro y del poder de la voluntad de los hombres contra los barcos, más que el triunfo de barcos contra barcos. Desde el día en que el primer navío izó en su mástil la bandera de la Italia Unida en 1861, la marina italiana había vivido a la sombra de la Real Armada Británica. Los marinos italianos lo admitían libremente. -Padecemos un irrazonable complejo de inferioridad -comentaban-, los cañones ingleses son más precisos y de más alcance, sus barcos son más rápidos y más fáciles de maniobrar, sus comandantes más decididos y conocedores. La jactancia "Mare Nostrum" de Mussolini acerca del Mediterráneo era pura bravata para la marina italiana en tanto que los ingleses poseyeran Gibraltar, Malta, Alejandría y Chipre. Para 1940, aquel complejo de inferioridad se había convertido en parálisis; los almirantes italianos recurrían a cualquier extremo con tal de evitar combates con la Real Armada, aun cuando las oportunidades se inclinaran fuertemente a su favor. |