| La
historia oficial.
En
su wagneriana caída, el tercer Reich mantiene el ánimo
combativo de millones de alemanes con una promesa: la existencia de
WuWa, la WunderWaffen, un "arma maravillosa" definitiva que
cambiará para siempre el rumbo desfavorable de la guerra. Simultáneamente
desde 1942 se desarrolla en Estados Unidos un esfuerzo industrial y
científico sin precedentes: el llamado "proyecto Manhattan",
destinado a crear la bomba atómica.
Estados
Unidos sabe que Alemania tiene los técnicos, los científicos
y el poder industrial necesario para abordar la fabricación de
la bomba atómica, pero aparentemente desconoce el grado de desarrollo
atómico del régimen nazi. La guerra transcurre, y a excepción
de los ataques efectuados por los cohetes V-1
y V-2, y de los aviones a reacción
Me-262, no hay rastro de
las anunciadas armas definitivas alemanas.
A
principios de 1945 el colapso del ejército nazi es inminente,
sus comunicaciones y suministros han quedado destruidos y en mayo el
fin llega tras el suicidio de Adolf Hitler. Un comando especial del
servicio de inteligencia americano, al que se conoce como "ALSOS",
se encarga de investigar y recopilar cualquier información referente
al programa de la hipotética bomba atómica nazi.
Finalmente
el comando encuentra, escondido en una gruta excavada bajo una iglesia
de Haigerloch, el reactor experimental B-VIII, un tosco recipiente de
agua pesada, con un par de inservibles reactores sumergidos en su interior.
Samuel Gouldsmit, jefe de la operación "ALSOS", es
tajante en sus conclusiones: el proyecto de la bomba atómica
de Hitler fue un mito creado para someter la voluntad de millones de
alemanes a una resistencia sin esperanza en una guerra suicida . La
prometida WuWa no existió jamás.
Farm
Hall: los científicos alemanes hablan.
Uno
de los objetivos principales de la operación ALSOS era capturar
a aquellos científicos alemanes que podían haber jugado
un papel considerable en el desarrollo del hipotético programa
atómico nazi. Sin demasiado esfuerzo, son encontrados Heisenberg,
creador del principio de incertidumbre y premio Nóbel de Física,
y Otto Hahn, descubridor en 1938 de la fisión nuclear, clave
para el futuro desarrollo de la bomba atómica.
También
son detenidos Kurt Diebner y Walter Gerlach, principales responsables
políticos del "uraniorum", el programa "oficial"
de energía nuclear alemán, con sede en la llamada "Virus
House" de Berlín. Poco después de la guerra, el puñado
de científicos capturados son internados en una casa de campo
equipada con micrófonos, a la que se conoce como "Farm Hall".Allí
se observan atentamente las reacciones y conversaciones de los sabios,
con objeto de conocer en profundidad el estado de las investigaciones
nucleares durante el tercer Reich.
Se
obtienen algunos datos: en 1942, se reúnen en Berlín Heisenberg
y Albert Speer, entonces flamante ministro de armamento del Reich, en
sustitución del recientemente fallecido Dr. Todt. Heisenberg
le comunica a Speer que no es posible técnicamente una bomba
atómica en un plazo inferior a tres o cuatro años, y que
solo es interesante y practico un esfuerzo orientado al desarrollo de
un reactor nuclear que permita la propulsión de submarinos. En
consecuencia Albert Speer otorga al grupo de Heisenberg la escasa cantidad
de dos millones de marcos, cifra veinte veces superior al ridículo
presupuesto inicial solicitado por el propio Heisenberg. Después
de tres años, los resultados de dicha investigación nuclear
son prácticamente nulos. No hay reactor, no hay bomba. Tan solo
un ciclotrón que es rápidamente incautado por los rusos
en su avance hacia Berlín, y un reactor no operativo en el pequeño
pueblo de Haigerloch.
Cuando
el 6 de agosto de 1945 les es comunicada la explosión de la bomba
atómica de Hiroshima a los retenidos en Farm Hall (Reino Unido),
la incredulidad y sorpresa de los alemanes es absoluta.
Todo
quedara reflejado finalmente en un libro escrito por el propio Samuel
Gouldsmit: "Myths around the german atomic Bomb", en el que
se concluye que la investigación científica y tecnológica
era inviable en la tiránica Alemania nazi, y que dicho avance
solo es posible en los países que se ajustan a los esquemas de
la democracia liberal angloamericana. Punto final.
Los
recortados poderes de Speer.
Para
comprender la complejidad y misterio de la existencia de un posible
programa atómico nazi, es necesario entender primeramente los
mecanismos de poder que se establecían en el tercer Reich: Adolf
Hitler era el jefe supremo e indiscutible de Alemania, y era extremadamente
difícil determinar quien podía ser, algún día,
su sucesor en el cargo. En la Alemania nazi no había segundo
de a bordo, no había un verdadero paladín.
Desde
antes de la ascensión de Hitler al poder hubo violentas luchas
internas en el partido nacional socialista, con objeto de acaparar el
control no solo de los mecanismos para el beneficio propio de cada contendiente,
sino para una posible futura herencia del poder total en la cabeza del
Reich. Mucho se ha criticado la ineficacia de la investigación
de guerra nazi, al provocar que muchos proyectos con un objetivo aparentemente
común se desarrollaran en paralelo y sin ninguna colaboración
mutua.
La
inmensa variedad de tipos de armas, aviones, tanques e incluso ejércitos
y uniformes, produjo una fértil competencia entre las diferentes
partes de la maquinaria de guerra nazi, dando lugar a un increíble
avance tecnológico en todos los ordenes y actividades, sobre
todo si los comparamos con las pobres y conservadoras innovaciones realizadas
por los aliados, siempre preocupados en copiar mediante el masivo uso
de organizaciones de espionaje las invenciones realizadas en la Alemania
nazi, aunque a la postre dicha variedad técnica fuera finalmente
uno de los factores de más peso en la derrota final del Reich,
provocando un derroche prohibitivamente caro de los recursos disponibles.
Albert Speer no se libro de la mecánica de funcionamiento del
régimen, y en su labor como ministro de armamento sus atribuciones
se encontraban fuertemente limitadas a garantizar a la industria de
guerra alemana las materias primas, la energía y la mano de obra
necesarias para que el motor siguiera en marcha.
Speer
permaneció desde 1943 totalmente ajeno a la verdadera naturaleza
del programa de cohetes, que dependía desde ese año de
la estructura de las SS de Himmler, con quien Speer mantenía
una mutua y profunda enemistad personal. Jamás hubo intercambio
alguno de información entre ambas partes, a excepción
de los requerimientos imprescindibles para la entrega de materias primas.
En sus memorias Speer consideraba que el programa de cohetes V-2 era
una total estupidez, un capricho más de la compleja fantasía
geopolítica de Hitler, aunque el propio Speer lo había
apoyado mientras estaban las V-2 bajo el control del ejercito.
Como
resultado del escepticismo de Speer, Hitler desde 1943 no le comentaba
a éste nada sobre el programa de investigación sobre cohetes,
ya que el führer conocía por anticipado la respuesta de
Speer . Igual ocurrió con el programa de aviones secretos a reacción,
dependientes por entero de la Luftwaffe de Goering, con quien Speer
mantenía a su vez una relación tensa. Speer llegó
a presenciar el despegue de una V-2, pero aun después de la guerra
Speer permaneció absolutamente ignorante respecto a los proyectos
de bombarderos intercontinentales a reacción, como los Horten
XVIII o el Arado E 555, así como desconocía la mera existencia
de los aviones caza de despegue vertical como el Focke-Wulf Triebflugel
o el Natter.
Incluso
las V-1, construidas por la Luftwaffe de Goering, y las V-2, dependientes
del ejército y luego de las SS, crecieron y se desarrollaron
de forma separada y en competencia. Quien piense en una estructura de
mando estratificada y unitaria en la dirección de armamentos
al estilo de lo que ocurría entonces en los Estados Unidos, en
Inglaterra o en Rusia, una estructura que estuviera bajo el control
total de Albert Speer, se equivoca: solo Hitler estaba en conocimiento
de la totalidad de las acciones y proyectos que se realizaban en su
Reich, información valiosísima que el führer no dudaba
en usar y administrar para fomentar una dura competencia entre los diferentes
grupos y reforzar su poder personal.
Por
eso la muerte de Hitler significó la desaparición instantánea
de la estructura política del nazismo, a pesar de que el apoyo
social a dicha ideología era extremadamente fuerte entre la población
alemana, aún muchos meses después de la derrota militar.
Por ultimo el atentado del 20 de Julio de 1944 contra Hitler supuso
otro duro revés para el poder de Speer: aunque nunca se demostró
su participación directa en el complot, su nombre figuraba en
el futuro gobierno de los golpistas. Solo la intervención personal
de Hitler evitó su encarcelamiento y juicio por alta traición.
Heisenberg,
el "judío blanco".
 |
Tal
y como puede leerse en el libro de Samuel Goudsmit, en las memorias
de Heisenberg y en numerosas declaraciones hechas tras la guerra, Heisenberg
nunca trabajo en el proyecto de una bomba atómica alemana. Tal
circunstancia era un imposible en la Alemania nazi. El prestigio del
premio Nóbel era grande en Alemania, pero todos sabían
que el famoso científico era también el antiguo amigo
y compañero de Einstein, de Niels Bohr, o de Lise Mietner, todos
ellos embarcados en el ambicioso proyecto Manhattan americano.
El
régimen nacional-socialista desconfiaba de Heisenberg, a quien
los dirigentes nazis llamaban "el judío blanco", como
también desconfiaban de los físicos teóricos en
general, por considerar que la física atómica se había
convertido en un asunto de "ciencia especulativa", "ciencia
judía", inútil al desarrollo práctico de soluciones
militares de uso inmediato. El tercer Reich era esencialmente un régimen
pragmático, basado en la ingeniería y la tecnología,
y la totalidad de sus desarrollos críticos estaban en manos de
ingenieros, no de científicos.
El
descubridor de la fisión nuclear en 1938, Otto Hahn, también
estaba descartado para encabezar el programa de un arma nuclear para
Alemania. Hahn era un pacifista radical, que mostraba una fuerte oposición
al desarrollo de cualquier tipo de armas, tras haber colaborado durante
la primera guerra mundial en la producción de armas químicas
y gases, circunstancia que le dejo profundamente marcado para el resto
de su vida. Tanto el ejército como las SS consideraron que era
peligroso forzar a Hahn a construir la bomba atómica, ya que
temían que este falsificara o boicoteara íntimamente el
desarrollo del programa nuclear militar.
Trabajo
en paralelo: tres proyectos atómicos nazis.
Al
menos tres grupos de trabajo sobre el proyecto atómico se estaban
desarrollando simultáneamente en la Alemania nazi: el oficial,
financiado por el propio ministro Albert Speer, y que bajo la dirección
de Walter Gerlach y Kurt Diebner incluía también a Werner
Heisenberg y a Otto Hahn . Su trabajo estaba orientado a la física
teórica pura, sin conexión directa con el esfuerzo militar
alemán, salvo para la creación a largo plazo de un reactor
para motores submarinos.
Tal
como reflejan los diarios de Speer, un segundo grupo lo constituía
el ministro de Telecomunicaciones, Dr. Ingeniero Wilhem Ohnesorge, en
colaboración con la Wehrmacht y posteriormente con las SS, tutelando
el trabajo del famoso físico Baron Von Ardenne, quien desarrollaría
la separación del uranio enriquecido 235 mediante una técnica
de centrifugación del hexafluoruro de uranio en sus laboratorios
subterráneos de Berlín. Este grupo firmaría un
contrato con la compañía Auer, en donde otro ingeniero
llamado Nikolaus Riehl inventaría un sistema de refinado rápido
del oxido de uranio.
Un
tercer grupo, comandado por el eficaz general Kammler y controlado por
las SS, colaboraba con la Luftwaffe en la creación de un programa
nuclear independiente, en el que obtendrían resultados operativos
a mediados de 1943. Dicho grupo trabajaba con un grado extremo de secretismo,
y a partir de 1943 se fusionaría con el proyecto nuclear del
Reichpost de Ohnesorge. Ese mismo año las SS se harían
con el emporio industrial húngaro "Arden-Weiss", donde
se montarían todas las bombas atómicas nazis.
General Kammler:
las SS se quedan con los proyectos Wunderwaffe.
A
raíz del atentado del 19 de Julio de 1944 contra Adolf Hitler,
la totalidad de los proyectos considerados como alto secreto son absorbidos
por las SS, en un proyecto finalmente unificado bajo el mando del general
Kammler. Seria este general el que arrebataría al ejército
no solo el proyecto nuclear WuWa, sino también el control del
programa de cohetes V-2 y los futuros A-9 y A-10 de misiles intercontinentales.
Poco se sabe del General - Ingeniero Hans Kammler, salvo que vivía
en el mismo edificio que el Baron Manfred Von Ardenne, y que visitaba
frecuentemente los laboratorios subterráneos de Von Ardenne situados
en los sótanos anti-aéreos de ese mismo edificio.
Kammler
sustituiría a Speer en muchas áreas de la organización
de trabajo Todt, y desarrollaría un sistema administrativo paralelo
al estado, totalmente computerizado. Construiría a espaldas del
ejército y del ministerio de armamento las fabulosas instalaciones
subterráneas de Turingia, en donde también se localizaban
el grueso de las minas de uranio de Alemania y Checoslovaquia.
Tras
la guerra, el General Dr. Hans Kammler desapareció sin dejar
rastro. Aunque según informes de la CIA desclasificados recientemente,
existen indicios suficientes de su supervivencia tras la guerra y de
su participación, con otra identidad, en el programa nuclear
ruso a partir de 1945.
El brillante Baron
von Ardenne.
Es
inútil buscar en una enciclopedia occidental alguna información
sobre el Baron von Ardenne. Sin embargo, en la extinta Alemania oriental
era una especie de Edison a la alemana. Cientos de calles, colegios
y edificios públicos llevan aun hoy su nombre. Von Ardenne, prolífico
inventor alemán, adquiriría fama mundial antes de la guerra
gracias a sus descubrimientos en el terreno de la emisión televisiva,
desarrollando el sistema de transmisión de las olimpiadas de
Berlín de 1936.
Durante
la guerra inventaría el microscopio electrónico y los
visores nocturnos de infrarrojos, así como los fusibles infrarrojos
para explosivos que fueron finalmente usados para implosionar bombas
como la de plutonio lanzada en Nagasaki.
Von
Ardenne fue clave para el desarrollo del sistema de separación
de los isótopos U238 y U235 mediante súper centrifugadoras.
Tras la guerra seria entregado a los rusos por el general Kammler, desarrollando
el programa nuclear soviético dentro de la empresa ruso-germano-oriental
WISMUT, localizada en Turingia. Más tarde trabajó en el
Instituto para la separación industrial de isótopos (SUCHUMI)
en la Unión Soviética.
Desde
1955 fue fundador y director del instituto de investigación germano
oriental de Dresde de lucha contra el cáncer, donde desarrolló
un sistema de tratamiento de tumores por radiación atómica.
Von Ardenne murió el 26 de mayo de 1997. Su compañía
aun existe y es clave para la economía de la antigua Alemania
oriental.
|